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La palabra que el INE no pudo borrar...

  • hace 5 horas
  • 3 min de lectura

El oficialismo ganó una medida cautelar, pero perdió el control de la conversación.


El INE ordenó retirar nueve publicaciones del PRI y de Alejandro Moreno en las que se utilizaban expresiones como “n4rcogobierno”, “n4rcopolíticos” y “n4rcopartido”.

 

La razón jurídica parece sencilla: la libertad de expresión no incluye el derecho de atribuir delitos sin pruebas. Y eso, en principio, es correcto.

 

Pero la política casi nunca es tan sencilla, la resolución no silenció la palabra: La convirtió en tendencia.

 

Lo que estaba contenido en unas cuantas publicaciones terminó multiplicándose en miles de menciones, respuestas, memes y comentarios. La medida cautelar produjo el efecto contrario: despertó la curiosidad de quienes quizá nunca habían visto los mensajes originales.

 

El INE ordenó borrar nueve publicaciones y las redes respondieron reproduciendo una palabra miles de veces.


Conviene hacer una precisión: el Instituto no prohibió que la ciudadanía utilice el término ni impidió preventivamente futuras publicaciones. Su Comisión de Quejas consideró que esos nueve mensajes podían imputar hechos o delitos falsos sin sustento suficiente pero rechazó la solicitud de Morena para impedir de antemano expresiones similares.

 

La precisión jurídica importa, aunque no resuelve el problema político. “N4rcopartido” es una acusación partidista, no una sentencia judicial contra toda una organización, utilizarla como si fuera un hecho acreditado sería irresponsable, sin embargo, fingir que surgió de la nada también lo sería.

 

La expresión encontró terreno fértil porque existe una conversación mucho más profunda sobre la penetración del crimen organizado en la política, la violencia electoral, las autoridades locales capturadas, los funcionarios investigados y las explicaciones que el poder continúa debiendo. Las palabras no fabricaron esa sospecha, la sospecha nació de los hechos, los silencios y las contradicciones.


Claro que Morena tiene derecho a defender su reputación y a exigir que las acusaciones se sustenten. Pero una resolución administrativa no puede sustituir las respuestas políticas que la sociedad está reclamando ni mucho menos puede borrar una percepción que se alimenta cada vez que el gobierno descalifica una investigación, protege a un personaje cuestionado o responde a una denuncia atacando al mensajero.

 

Una vez más, en la narrativa de la 4T aparece una paradoja que resulta incómoda para el poder:

Morena quiso retirar una expresión ofensiva y terminó colocándola en el centro de la conversación nacional. Ganó una medida cautelar, pero perdió el control del significado político de esa victoria.

 

Porque alguien tiene que avisarle a morena que en las redes no sólo importa lo que una autoridad resuelve, importa lo que la ciudadanía interpreta. Y en este caso la interpretación fue inmediata: si la palabra resulta tan incómoda, quizá convenga preguntar qué realidades intenta nombrar.

 

El PRI, desde luego, tampoco es un defensor desinteresado de la libertad de expresión. Su historia obliga a desconfiar de cualquier intento por presentarse como víctima inocente del poder. Pero la identidad del acusador no elimina automáticamente la pregunta planteada y las democracias no deberían resolver sus sospechas prohibiendo adjetivos, deberían hacerlo investigando hechos.

 

Si las acusaciones son falsas, corresponde desmentirlas con evidencia. Si existen responsabilidades individuales, deben investigarse sin importar colores, cargos o cercanías políticas. Y si el término generaliza injustamente, la mejor respuesta no es esconderlo, sino demostrar por qué resulta falso.

 

El INE puede ordenar que desaparezcan nueve publicaciones, lo que no puede hacer es borrar las razones por las cuales tantas personas estuvieron dispuestas a repetirlas.

 

El problema no es únicamente la palabra que se quiso retirar, el verdadero problema son los hechos, omisiones y silencios que hicieron que millones de mexicanos estuvieran dispuestos a creerla.


 
 
 

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